Libertad de expresión, ¿Hasta dónde llega y valdrá en nuestro país?

Libertad de expresión, ¿hasta dónde llega?, ¿cuáles son las circunstancias que fortalecen estas palabras?; mejor aún ¿en nuestro país se respeta este derecho a todo ciudadano o nativo?

Encontrándonos en un país que ha sido flagelado por un conflicto interno, pasado por las armas capitalistas que dejaron sus huellas en concesiones, franquicias o negociaciones fraudulentas; es sumamente complicado creer que la libertad de expresión es un elemento de la sociedad actual.

Las creencias latinoamericanas se revelan fuertes ante las costumbres y modismos de vida, donde las capacidades sexistas o económicas son las que fundamentan las actividades diarias que develan una incipiente capacidad de expresión.

Pensar en el término, libertad de expresión es una paráfrasis de idealismo vago que se encuentra en la mente de aquellos que reclaman su derecho a la comunicación eficaz sobre los determinantes operativos de nuestra mal humorada sociedad.

En los últimos días se ha circunscrito este término a la prensa o las necesidades de algunos pueblos sedientos de evidenciar las deficiencias de nuestra administración púbica o personas.

Por una parte se encuentra la necesidad de divulgar los conocimientos generales por medio de nuestras vías de comunicación social, pero también las inquietudes de sectores como el maya quienes de a poco son inmersos en las gestiones políticas del país.

La libertad de expresión en muchos casos se ha visto coartada o sesgada por las presiones que se avizoran diariamente al iniciar los trabajos comunicativos en general, siendo de corte político partidista o económico entre muchos otros que generan desde su trinchera el interés por encubrir el flujo normal de la información que construye democracia.

En ocasiones pensar en las investigaciones paradigmáticas presentadas a la población en general, dejan mal sabor de boca al pensar que pueden ser denunciados por monumentos probatorios impunes o corruptos, mismos que dentro de un proceso de justicia, son reducidos a la nada en su máxima expresión.

Las transgresiones que pueden ser castigadas resultan revocadas a quienes son actores intelectuales e impuestas a los míseros representantes de los que cuentan con el protagonismo absoluto, dejando en claro la frase de un activo político hoy preso por la masacre en uno de los centros carcelarios del país: No son todos los que están, ni están todos los que son.

Los factores que influyen en nuestra operatividad social cuenta con tentáculos solo visibles por los miles de ciegos adrede de las estructuras gubernamentales o partidistas, con ello no se incluyen a los posibles elementos aún no corruptos, o los que idealmente ingresaron al proceso garante bajo la pujante necesidad interior de hacer valer su voz.

Probablemente los mismos tendrán el pudor de evidenciar las patrañas estratégicamente planificadas, siempre y cuando develen las mecánicas organizacionales de la frase “Todos cubiertos bajo una misma chamarra”; o visto también, desde la negativa de acceder a las presiones del manejo populista de la opinión general, sean estas por medio de presiones familiares, económicas, intromisiones en los medios y más.

Este derecho viciado al poder, ha marcado con sangre el camino de los interesados en toda la región hacia a la verdadera democracia, dado que a la fecha se cuenta con mártires que arriesgan su vida desde la débil viga que sostiene la sociabilidad.

En un análisis propuesto por la periodista Ana Arana, directora de la fundación mexicana de periodismo e investigación, se cuajó la realidad que viven los periodistas en las regiones norte de ese país, donde entre el temor de ser asesinados y los compadrazgos con los apoderados de los sitios, omiten la declaración de las fallas y abusos contra la misma población en el lugar y la región, desde las cuevas del narcotráfico.

Las invenciones y el morfo del periodismo no ha sido basto para el esclarecimiento de los desgastes sociales que se sufre especialmente en Centroamérica desde su parte alta, dado que en los intereses de la distribución de drogas y poderes, ha sectorizado las posibilidades de crecimiento, diezmando con ello las oportunidades de los millones de convivientes latinoamericanos, hacia una vida digna.

Esta situación ha dado paso a que los miles de periodistas o personas particulares amantes de la evidencia, vivan intimidados por las presiones constantes de los factores que se creen sólidos y determinantes dentro del mandato social popular.

Entonces la libertad de expresión, finalmente será la meta que todos en nuestra generación debemos alcanzar, no creer que puede manejarse utópicamente sino construir las condiciones para que exista, puede ser desde las murallas de la integridad de nuestros hogares, educación personal, cultura de denuncia u otras estrategias sociales que puedan se útiles.

¿Quien, creyendo las potencialidades de nuestra creciente nación no actúa?, como reza la inolvidable frase: Quien viendo la calamidad, no se arrodilla, ni santo le protege…

Es buen momento de hablar, cantar, escribir y expresar lo que creemos y pensamos, de esta manera provocaremos un cambio en nuestro país; es momento de iniciar nuestra lucha por la democracia y el progreso.

Solventando las interrogantes de ¿hasta dónde llega la libertad de expresión?, ¿cómo se fortalece? Y ¿si se respeta ese derecho en nuestro país?.

La respuesta podrá ser una, de nosotros depende el hacer valer nuestra voz en el país.

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