Un comentario muy, pero muy personal, sobre mi navidad y la Iglesia Evangélica.
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| NAVIDAD |
Recuerdo unos cuantos años atrás, durante mis estudios de teología en un seminario Evangélico de una de las redes eclesiásticas más grandes en Guatemala y con sede en la ciudad de Quetzaltenango, que las hipótesis sobre el nacimiento de Jesús, creó un amplio revuelo; la razón fue sencilla: por ejemplo la fecha del 24 de diciembre del calendario gregoriano, no coincide con el pastoreo de ovejas, la ubicación de la insigne estrella que guía a los reyes magos y muchos más planteamientos que no concuerdan con con tan remembrado hecho histórico ahora celebrado.
Otra corriente interesante de aquellos años, es recordar a varios pastores evangélicos que apostaron su vida a la enseñanza de no conmemorar dicha fecha por encontrarse escrito dentro de los libros del antiguo testamento la advertencia a no compartir comidas o bebidas ofrecidas a ídolos.
Para terminar con dichas enseñanzas, recuerdo los potentes mensajes del recordado líder de la misión Elím, que por los años 80´s logró un impacto importante dentro de la sociedad guatemalteca; el Apóstol Ottoniel Ríos Paredes, junto a una serie de ministros que lideraron y en pocos casos lideran las iglesias de dicha línea doctrinal, mismos que se dieron a la tarea de documentar una serie de argumentos que lograban convertir y convencer a los miles por no decir millones de fieles que se resguardaron bajo esta disciplina doctrinal.
Hoy, siendo 23 de diciembre, recorrí las redes sociales a las cuales me encuentro afiliado y para mi sorpresa encontré varios de aquellos ministros de la fe evangélica, que profesaban la plataforma Elimnística, celebrando el nacimiento de un hombre que con su manera de vivir glorificó la representación de Dios en la tierra y fue digno de ser llamado "EL HIJO DE DIOS".
La biblia como elemento histórico y leccionario, nos deja como testimonio la cena del señor a días de ser entregado para morir, donde relata el crónico, las palabras de Jesús que nos llama a conmemorar su muerte y resurrección.
Mucho se habla de este tema y las dos incógnitas que teológicamente surgen: ¿Celebramos el nacimiento o la resurrección?; Claro, es un tema amplio para analizarlo. Siendo a mi parecer, una respuesta que cada persona debe resolver.
Pero tras ver las diversas corrientes ideológicas que se desarrollan, puedo creer que la iglesia evangélica se molifica y entra a la corriente social - popular, demostrando que no fueron lo suficientemente sólidas las bases que profesaban con fervor años, décadas o siglos atrás, justificando que la revelación es renovada y que todo o casi todo es permitido, cuando a mi parecer la falla no es celebrar o no la navidad, sino más se ajusta a ver como flanquean sus fundamentos doctrinales y se acomodan la necesidad popular o a lo que consideran necesaria para "alcanzar almas".
Será interesante ver en unos años como sucumben las endebles bases de las congregaciones populistas que con el afán de alcanzar un ponderado crecimiento en feligreses, abandonan de a poco sus inicios; aclaro, que mi comentario no es más que una opinión que se ha mantenido observando la linea estructural que conozco y me entristece al punto de recordar la mejor pregunta de un doctrinal que soñó con una iglesia preparada y equiparada: ¿En Quién hemos creído?.
Dejemos al fin, el deseo que Jesús realmente nazca en sus corazones y que si se encuentra ya celebrando, solo tenga en cuenta que lo difícil no es nacer por alguien, sino bien el reto digno de celebrar y honrar es el vivir y haber resucitado por nosotros.

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Mi querido y gran amigo Hamilton, hoy, con todo respeto, no comparto que hables de Jesús y Santa. El segundo es un intruso en la fiesta del Nacimiento de Jesús.
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