La Incomodidad de los Niños y su Respuesta Desafiante.
Por: Hámilton I. Mendoza Martínez
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| Derechos de autor: Fertnig |
La salida práctica de un niño es
confrontar o desafiar aquello que le limita, dado que, como aventurero de la
vida, buscará la manera de alzarse a los límites de la jerarquía de los padres
mediante una valentía y seguridad que le proporciona su deseo por explorar.
Es sabido que todo niño al inicio
de su vida carece de disciplina, dado que la misma está sujeta a la
contextualización del medio o ecosistema en donde este crece, unos comprenderán
la importancia de escuchar la voz de papá o mamá como significante de autoridad
y dirección, pero, otros niños no verán a los adultos bajo ese código significante
estructurado, ya que en ocasiones el adulto flanquea su imagen de autoridad a través
de comentarios a sus oídos, acciones sancionadas por otro adulto o bien actos
que a ojos de los niños no cuentan con un respaldo sabio y que como resultado
quebranta la capacidad del adulto en dirigir, orientar o guiar al niño.
Siempre tendrá interrogantes como
parte de su proceso evolutivo y razonará profundamente sobre ¿Quién es el alfa
o líder?, ¿Quién es más fuerte?; ¿Quién domina? o simplemente, ¿Quién es el
capitán del barco de su vida?; si el niño no resuelve pronto esas inquietudes
la ausencia de liderazgo le cobrará una factura importante.
Estos momentos transformados en
inquietudes, serán lo suficientemente inflamables como para que el tenga la
incomodidad del reconocimiento de la autoridad inmediata, razón por la cual
buscará imponerse ante cualquier situación y adulto, finalmente el principio es
SOBREVIVIR.
Los niños o adolescentes deben
tener completamente claro quien es el que guía, la mediación y rasgos de la
autoridad en los padres, abuelos o encargados de su cuidado y formación. Los
resultados en los pequeños dependerán del temperamento y carácter del adulto;
no implica una receta o fórmula mágica, ni una lista de acciones o procederes
que determinen si el niño o adolescente se sujetará a la lección o instrucción
por parte del adulto; La Biblia, en Proverbios 22:6 dice: “Instruye al niño en
su camino,” nadie que no se ha ganado frente
a un niño el puesto de guía a través del ejemplo y experiencia podrá instruir,
nadie que no tenga la imagen de autoridad sin autoritarismo frente a esa mente
nueva podrá fungir como tal.
Es interesante que por naturaleza
los niños al sentirse incómodos frente a una situación buscarán resolverla
mediante su voluntad, por lo que las incomodidades las resuelve visceralmente
empoderado en su reacción desafiante y de no ser adecuadamente guiado, firmará
su desastre personal. Los niños siempre querrán ser guiados, pero, naturalmente
insistirán en que el adulto se gane el derecho y reconocimiento para ello.
El padre de familia, entiéndase,
papa o mamá, en algunos casos abuelos u otro encargado, debe tener la claridad
plena que cada menor cuenta con un chip mental inviolable llamado TEMPERAMENTO
y la tarea de este guía es moldear la voluntad, en ocasiones desafiante y el carácter
para toda su vida. No existe niño malo, solo adultos que adolecen de autoridad.
Cada adulto que se enfrenta a la ardua
tarea de guiar y formar a los niños, debe pasar por el reconocimiento que fue
criado bajo una estructura disciplinar (ojo acá, disciplina no es corrección,
disciplina es estructura, modelamiento, reglas o normas), en caso de no contar
con esa imagen de autoridad previa y no conocer métodos adecuados puede
indudablemente reconocer la soberanía de Dios y comprender que toda bendición
es cimentada en el cumplimiento de mandamientos (Salmos 119:35, “Guíame por la
senda de tus mandamientos, Porque en ella tengo mi voluntad”), no hay que
intentar inventar el agua azucarada.
Los niños con conductas
desafiantes siempre viven de amenazas, correctivos y señalamientos; basta con
reducir la ansiedad, angustia o presión emocional que intentan formarlos,
hablar directamente y claro, detectar las incomodidades como: falta de alimento
adecuado, agua, temperatura impropia, espacio reducido, ruido, necesidad de
atención, excesos o falencias, serán suficiente para mediar y gestionar el
modelamiento democrático del niño.
El autoritarismo no es la
solución. La tarea de canalizar esa respuesta desafiante y convertirla en una
conducta modelada hacia una vida plena, vívida y cálida dependerá de la
ausencia de gritos por parte del adulto, actitud propositiva y sin arrogancia, escuchar
las necesidades del niño, respuestas maduras y comprender que la tarea más noble
de cada ser humano responsable es guiar a un niño, evitando sus incomodidades,
para que no sobreviva, sino viva y modelar correctamente en amor su voluntad desafiante.
Romanos 12:2 “No os conforméis a
este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro
entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios,
agradable y perfecta.” Reina-Valera 1960.
Atrévase
a Enseñar, Instruir, a ser Líder, porque Dios le ha dado la mejor herencia del Universo.

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