La Incomodidad de los Niños y su Respuesta Desafiante.

 Por: Hámilton I. Mendoza Martínez

Derechos de autor: Fertnig
Recientemente escuché una historia narrada a mi parecer por una importante mente contemporánea Diego Ruzzarin en relación a la incomodidad en las personas “… la cual se basa en un cuerpo sano que al entrar en contacto con cualquier sustancia o materia que le sea ligeramente incómoda no lo tolera y reacciona con tal de sobrevivirlo”; los niños como parte de su proceso evolutivo y de crecimiento enfrentan una serie de incomodidades y ellas los pueden llevar a desencadenar acciones que en apariencia son viables desde el punto de vista de los menores; seguramente la primer acción será en busca de sobrevivir aquello que no le es cómodo o grato.

La salida práctica de un niño es confrontar o desafiar aquello que le limita, dado que, como aventurero de la vida, buscará la manera de alzarse a los límites de la jerarquía de los padres mediante una valentía y seguridad que le proporciona su deseo por explorar.

Es sabido que todo niño al inicio de su vida carece de disciplina, dado que la misma está sujeta a la contextualización del medio o ecosistema en donde este crece, unos comprenderán la importancia de escuchar la voz de papá o mamá como significante de autoridad y dirección, pero, otros niños no verán a los adultos bajo ese código significante estructurado, ya que en ocasiones el adulto flanquea su imagen de autoridad a través de comentarios a sus oídos, acciones sancionadas por otro adulto o bien actos que a ojos de los niños no cuentan con un respaldo sabio y que como resultado quebranta la capacidad del adulto en dirigir, orientar o guiar al niño.

Siempre tendrá interrogantes como parte de su proceso evolutivo y razonará profundamente sobre ¿Quién es el alfa o líder?, ¿Quién es más fuerte?; ¿Quién domina? o simplemente, ¿Quién es el capitán del barco de su vida?; si el niño no resuelve pronto esas inquietudes la ausencia de liderazgo le cobrará una factura importante.

Estos momentos transformados en inquietudes, serán lo suficientemente inflamables como para que el tenga la incomodidad del reconocimiento de la autoridad inmediata, razón por la cual buscará imponerse ante cualquier situación y adulto, finalmente el principio es SOBREVIVIR.

Los niños o adolescentes deben tener completamente claro quien es el que guía, la mediación y rasgos de la autoridad en los padres, abuelos o encargados de su cuidado y formación. Los resultados en los pequeños dependerán del temperamento y carácter del adulto; no implica una receta o fórmula mágica, ni una lista de acciones o procederes que determinen si el niño o adolescente se sujetará a la lección o instrucción por parte del adulto; La Biblia, en Proverbios 22:6 dice: “Instruye al niño en su camino,”  nadie que no se ha ganado frente a un niño el puesto de guía a través del ejemplo y experiencia podrá instruir, nadie que no tenga la imagen de autoridad sin autoritarismo frente a esa mente nueva podrá fungir como tal.

Es interesante que por naturaleza los niños al sentirse incómodos frente a una situación buscarán resolverla mediante su voluntad, por lo que las incomodidades las resuelve visceralmente empoderado en su reacción desafiante y de no ser adecuadamente guiado, firmará su desastre personal. Los niños siempre querrán ser guiados, pero, naturalmente insistirán en que el adulto se gane el derecho y reconocimiento para ello.

El padre de familia, entiéndase, papa o mamá, en algunos casos abuelos u otro encargado, debe tener la claridad plena que cada menor cuenta con un chip mental inviolable llamado TEMPERAMENTO y la tarea de este guía es moldear la voluntad, en ocasiones desafiante y el carácter para toda su vida. No existe niño malo, solo adultos que adolecen de autoridad.

Cada adulto que se enfrenta a la ardua tarea de guiar y formar a los niños, debe pasar por el reconocimiento que fue criado bajo una estructura disciplinar (ojo acá, disciplina no es corrección, disciplina es estructura, modelamiento, reglas o normas), en caso de no contar con esa imagen de autoridad previa y no conocer métodos adecuados puede indudablemente reconocer la soberanía de Dios y comprender que toda bendición es cimentada en el cumplimiento de mandamientos (Salmos 119:35, “Guíame por la senda de tus mandamientos, Porque en ella tengo mi voluntad”), no hay que intentar inventar el agua azucarada.

Los niños con conductas desafiantes siempre viven de amenazas, correctivos y señalamientos; basta con reducir la ansiedad, angustia o presión emocional que intentan formarlos, hablar directamente y claro, detectar las incomodidades como: falta de alimento adecuado, agua, temperatura impropia, espacio reducido, ruido, necesidad de atención, excesos o falencias, serán suficiente para mediar y gestionar el modelamiento democrático del niño.

El autoritarismo no es la solución. La tarea de canalizar esa respuesta desafiante y convertirla en una conducta modelada hacia una vida plena, vívida y cálida dependerá de la ausencia de gritos por parte del adulto, actitud propositiva y sin arrogancia, escuchar las necesidades del niño, respuestas maduras y comprender que la tarea más noble de cada ser humano responsable es guiar a un niño, evitando sus incomodidades, para que no sobreviva, sino viva y modelar correctamente en amor su voluntad desafiante.

Romanos 12:2 “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Reina-Valera 1960.

Atrévase a Enseñar, Instruir, a ser Líder, porque Dios le ha dado la mejor herencia del Universo.

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