EL PROPÓSITO DE LAS CRISIS

 

“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios…“, el pasaje de Filipenses 4:6-7, en ruta al cristiano sobre la condición que debe presentar frente a las crisis que vive el cristiano, considerando que todas las personas creyentes nos encontramos sujetos a las pruebas y conflictos que si bien la palabra de Dios nos manifiesta a través del mensaje que Pablo le da a la Iglesia de Corinto, que estas pruebas siempre serán humanas y que Él no probará más allá de lo que se pueda resistir, proveyendo junto con la prueba la solución, clarificando con este mensaje que  el nivel de conflictividad nunca superará nuestra capacidad de absorber dichas situaciones si nos encontramos asidos en la palabra y comunión con Dios.

Hemos comprendido que bajo ninguna circunstancia Dios se alarma de la vivencia de nosotros sus hijos, sino bien se goza que le busquemos para su oportuna palabra, la cual fundamenta la fe mediante la paciencia. Jesucristo mismo se sintió desamparado cuando en la cruz del calvario expresó: “Padre, por qué me has abandonado”, no es que Él no viviera en el amor del Padre y que las palabras manifiestas a su vida “este es mi hijo amado…”no tuvieran un profundo sentido, por el contrario, fueron las que resonaron en su vivencia y que le motivaron a experimentar un nuevo nivel de amor por la humanidad.

Job y Abraham vivieron experiencias similares, al enfrentar momentos de gran dificultad que fueron propuestos para alcanzar un profundo sentido de obediencia a Dios; Jesús en medio de su sentimiento y agonía tomo para sí las palabras del salmista al preguntarse ¿Por qué me has abandonado? ¿Por qué estás tan lejos de mí?, pareciera que estas palabras invocaban la soledad que la crisis provoca, pero, habrá en este punto que considerar que, ese mismo conocimiento de la palabra, le permitió a Jesús meditar en la Santidad y Poderío del Padre, a quien si le clamamos en medio de la dificultad nos escucha y provee respuestas.

El primer paso ante la crisis que enfrentan las personas, es el desarrollo de la empatía y amor desde la perspectiva propia, hasta la condición que nuestro prójimo atraviesa, estimando que situacionar al creyente en confrontación con el amor de Cristo para que empatice con el mensaje de misericordia y respaldo que Dios ha dejado en su palabra, es la única salida.

“… amaos los unos a los otros”, es la expresión que define el primer paso dentro de la crisis y que contribuye a resultados restauradores, por ello, es necesario que la consejería cuente con la compañía de los pastores, ancianos, ancianas o viudas, personas que aporten perspectivas bíblicas y sabias, que provean la comprensión de la realidad que se vive y abran paso a soluciones cristianas adecuadas.

Finalmente es necesario que el cristiano comprenda que toda prueba o problema tiene como término la construcción o fortalecimiento de la fe; el apóstol Santiago motiva a los creyentes judíos dispersos desde la iglesia en Jerusalén, manifestándoles que la ruta de la vida cristiana hacia la perfección y cabalidad es a través del desarrollo de la paciencia como fruto del espíritu, la cual se fundamenta en la sabiduría divina.

Todo el proceso de construcción de espiritualidad y fe en medio de la crisis, concluye con la importancia de fortalecer la vida cristiana en la oración, suplica y la conciencia que toda petición puesta en Dios, tendrán una respuesta oportuna, por supuesto, solamente según el plan perfecto de la voluntad de Dios, la cual es agradable y perfecta.

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